UN INVENTO IDEOLÓGICO QUE ASESINA

A MICRÓFONO CERRADO, opinión

10 febrero, 2022

Aún seguimos conmocionados por el crimen de Totana. Y seguimos preguntándonos por qué, pero también cómo: ¿cómo es posible que a tan temprana edad se reproduzcan los más desalmados patrones de conducta? ¿Y por qué todavía muchos jóvenes siguen creyendo que la violencia de género es poco menos que un invento?

¿Por qué uno de cada cinco chicos cree que la violencia de género no existe? Esa es la pregunta más sangrante que nos podemos formular hoy cuando aún está caliente el asesinato de una chica de solo 17 años en Totana a manos de su expareja también muy joven (19 años).

Aunque les parezca inconcebible, el porcentaje de muchachos (de 15 a 29 años) que niega la violencia de género o le resta importancia sigue creciendo. Como sigue aumentando el número de los que creen que es “un invento ideológico”. El 20 por ciento de nuestra juventud masculina así lo afirma, o al menos así se refleja en el barómetro ‘Juventud y Género. Identidades, representaciones y experiencias en una realidad social compleja’, elaborado por el prestigioso Centro Reina Sofía.

Que el 20 % de nuestros chicos crea que esta lacra es una fantasía ideológica, debe llevarnos a una profunda reflexión. Y con ser horrible el dato anterior, éste lo empeora: en 2017 era el 10%; en 2019, este porcentaje ya subía al 12%. Y ahora hemos incrementado ese registro en 8 puntos más que hace solo dos años. Así que no sería muy aventurado pensar que el 20 por ciento de hoy, puede quedarse pequeño mañana. Si no atajamos el problema de raíz.

Desgraciadamente en la Región, la primera víctima de violencia de género de este año no se ha hecho esperar. Con el asesinato de esta chica de 17 años, ya son 14 las menores víctimas directas de la violencia machista en España desde 2003.  Ni que decir tiene, que ninguna de ellas ha sido asesinada imaginariamente, aunque ninguna de ellas ha podido sobrevivir a tan malvado ‘invento ideológico’. Si fijamos el foco en el último año comprobaremos una evidencia terriblemente significativa: se ha duplicado el número de menores asesinadas por violencia machista (de 3 en 2020, a 6 en 2021); asimismo, una treintena de niños se han quedado huérfanos de madre por este ‘invento ideológico’ en el pasado año. Y otro tanto ocurrirá, a buen seguro, en 2022.

Mas nuestros jóvenes siguen sin verlo, para muchos de ellos no existe siquiera tal violencia. Y si ella no es real, tampoco lo son sus víctimas. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Empero, ¿qué porvenir le aguarda a un país con tantos jóvenes que no quieren ver?  Jóvenes teóricamente formados con todo el confort de nuestro tiempo se empeñan en no ver, y siguen admitiendo con pavorosa naturalidad una superioridad masculina contra natura. Aunque para ellos sea lo más natural, un día más en el instituto o en la facultad.

 ¿Qué valores han recibido de sus padres esos jóvenes cegados por su propia necedad?, ¿qué transmitirán ellos a sus hijos? ¿Y qué educación les hemos dado entre todos en esta sociedad tan globalizada como impersonal? Estremece pensar en que ese 20 por ciento de negacionistas acabe siendo mayoritario en un hipotético futuro, no tan lejano; y no tan hipotético. Si esa simiente prende entre nuestros adolescentes, la llama será incontenible.

En esta edición profundizaremos sobre este gravísimo asunto. Al mismo tiempo, como es habitual, recogeremos los grandes titulares de esta jornada, que aún viene empañada por el crimen de Totana.