EL TRASVASE, DE LUNES A LUNES

EL TRASVASE, DE LUNES A LUNES

EL TRASVASE, DE LUNES A LUNES

Al fin el agua une a murcianos, andaluces y valencianos. Al menos, sus dirigentes parecen proclives a constituir un frente común en defensa del Trasvase. Lo que va de lunes a lunes, de una semana a otra las aguas han vuelto a su cauce, al más lógico, al de la unión en pro de nuestras justas reivindicaciones hídricas.

 Hace sólo siete días se escenificaba, por el contrario, un desencuentro que encendía algunas luces de alarma; porque el lunes de la semana pasada Ximo Puig no acudía a la cumbre de Almería, que debía reunir a los presidentes de Murcia, Andalucía y Valencia, por meras e inexplicables razones de agenda.

 Sin embargo, este lunes 26, el panorama se ha vuelto a despejar. De esta suerte, la consejera de agricultura de la Comunidad Valenciana, Mireia Mollá sí se ha reunido con su homólogo en la Región, Antonio Luengo, e incluso lo ha hecho con el presidente del sindicato de Regantes, Lucas Jiménez. Antes, ya el viernes, los consejeros de agricultura de las tres comunidades habían remitido una carta al Consejo Nacional del Agua y a la ministra Teresa Ribera, pidiendo que no se cambiaran las reglas de explotación del Trasvase Tajo-Segura. Ayer se fue más lejos todavía los consejeros de Murcia y Valencia  exigían la paralización del cambio de reglas que, en caso de aprobarse por decreto, sería recurrido judicialmente por los ejecutivos valenciano y murciano.

Estamos sólo a un par de días de que el Consejo Nacional del Agua refrende, en segunda vuelta, la primera votación en apoyo del cambio de las normas de explotación. Esta modificación implicaría bajar el caudal máximo desembalsado en nivel 2 de 38 a 23 hectómetros cúbicos mensuales, lo que supondría una merma del 40 por ciento de los envíos para regadío que se producen en ese escenario, uno de los más frecuentes.

 Al finalizar la conferencia bilateral de consejeros del ramo, el murciano Antonio Luengo reiteraba la necesidad de una reunión de las comunidades afectadas por el trasvase con el ministerio de Transición Ecológica. Realmente parece inaudito que, a estas alturas, esa reunión todavía no se haya celebrado.

En este mismo sentido, se ha manifestado el presidente del Ejecutivo Regional, que subraya que decir no a la modificación de las reglas no es buscar ninguna confrontación. Ni siquiera una guerra de guerrillas (añaden otros, mientras afilan sus cuchillos).

Dígase lo que se diga, la del agua no será una guerra, pero lo parece. Necesitamos esa agua, nuestro Sureste la necesita con suma urgencia, para subsistir y seguir creando riqueza para toda España. Así que ganemos esta contienda con el entendimiento y la solidaridad entre españoles, que deben concordar en un objetivo común que no es otro, sino el desarrollo integral de este país. 

Dejemos el trasvase en paz, y en paz quedémonos todos. Entre españoles, no cabe la guerra; y ya hemos convenido que la del agua no lo es, no lo debe ser.

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HACER LAS COSAS BIEN

HACER LAS COSAS BIEN

Hagamos un reconocimiento a nuestro civismo debido, que se suma a una gestión eficaz; y cuando las cosas se hacen bien, se obtienen resultados. Así está sucediendo con la cuarta ola de esta pandemia en Murcia; las medidas y restricciones han funcionado; como también hay que subrayar que la concienciación ciudadana ha desterrado anteriores relajaciones que tanto daño hicieron. Afortunadamente, aprendimos la lección de Navidad, tan cruel y acerba.

Y ahí está el resultado que, como todo en esta crisis, es provisional, aunque halagüeño. Pero, así como criticamos errores, como los acaecidos en el proceso de vacunación, hay que destacar que la nuestra es la primera comunidad que presenta criterios de ‘nueva normalidad’, según el último informe del Ministerio de Sanidad. 

‘Nuevas normalidad…’, no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero cuando pronuncio este término, se me eriza el cabello. Mas bien está, lo que está bien; y que seamos los primeros de esta renovada nueva normalidad y sus esotéricos criterios, inescrutables como los caminos del Altísimo, me llena de un tímido orgullo, no exento de temor, porque ya hemos tropezado en piedras parecidas antes. Mientras tanto, por una vez, vemos a los demás en la lejanía; el resto de autonomías se mantiene en diferentes niveles de alerta, que van desde el 1 (Extremadura, Comunidad Valenciana y Galicia) al 4 (Madrid, Cataluña y Aragón).

En consecuencia, el Comité de Seguimiento de la Covid, ha movido ficha, y ha suavizado notablemente las restricciones. De este modo, el toque de queda se retrasa a las doce de la noche, a partir de este miércoles 28. También se amplían los aforos de bodas, bautizos y comuniones hasta 100 personas en exteriores. Las dos medidas inyectan una dosis de optimismo a la hostelería y a los salones de celebraciones, sectores que han sufrido con una virulencia desconocida, en carne viva, las repercusiones de la pandemia.

En fin, poco a poco, volvemos a la normalidad… O eso quisiéramos. Porque lo de nueva normalidad, no deja de ser una anormalidad más, un eufemismo nada brillante, falaz e ilusorio; y hasta que no consigamos la inmunidad de rebaño, nuestros corderos siguen en peligro.

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CIEN MIL LLAMADAS

CIEN MIL LLAMADAS

Seguimos invocando al cielo de las vacunas, esperando que lluevan sobre nosotros cual maná bíblico. Pero continuamos perdidos de vacuna en vacuna, sin encontrar la ansiada inmunidad de rebaño. ¿La tendremos en agosto?, ¿quién lo sabe…? Como les decía la semana pasada, a este paso serán muchos los corderos que se queden en el camino.

No ayuda en nada la polémica generada por las vacunas de Oxford y de Johnson and Johnson, sus renombradas AstraZeneca y Jensen. Aunque menos ayuda todavía los inexplicables fallos en el sistema de citas, que nos ha abocado a una situación extraña en esta Región: por un lado, hay personas que hacen cola con paciencia franciscana; por otro, uno de cada tres convocados no acude a la cita. 

Luego está el miedo, que es tan humano; el propio Consejero Pedreño ha reconocido que un buen número de los que tienen que vacunarse con AstraZeneca no lo hacen. Como ocurrió el sábado pasado en Cartagena, cuando sólo el 43 por ciento de los citados se presentaron.

Temores al margen, al cabo de muchos fallos e incongruencias, se ha decidido echar marcha atrás y recurrir al método más avanzado que el universo mundo conoce desde el siglo XIX: el teléfono. La Consejería de Salud ha intensificado, desde esta semana, el dispositivo de llamadas para citar a los sufridos usuarios, que somos todos.

A lo largo de los próximos siete días, se harán más de 100 mil llamadas, y se inocularán más de 70 mil dosis. La meta no puede ser más loable: despejar las dudas e incrementar el ritmo de vacunación. El consejero de Salud sostiene que es más seguro y da más garantías convocar a los usuarios a través de una simple llamada telefónica. O dicho al itálico modo, se trata de evitar nuevos y clamorosos errores.

Rectificar sigue siendo de sabios. Empero, habría que dudar menos y encontrar más soluciones, y mucha mayor eficacia. Da la sensación de que nos extraviamos entre improvisaciones y ocurrencias. La del teléfono, como mínimo, nos remite a otros tiempos…Y también al precioso tiempo perdido hasta ahora. 

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JUGAR CON FUEGO

JUGAR CON FUEGO

Al final, la esperada cumbre entre Murcia, Andalucía y Comunidad Valenciana para constituir un frente común en defensa del Trasvase se ha quedado en un ‘tête a tête’ entre Miras y Moreno Bonilla, porque el valenciano Ximo Puig no ha aceptado la invitación; se ha excusado con el clásico argumento de ‘problemas de agenda’. Pero pocos problemas pueden superar al del agua, él sabrá que otros asuntos de mayor urgencia le han impedido acudir a la cita.

Mal síntoma es éste; los socialistas valencianos y (también los murcianos) aseguran a los cuatro vientos que están en contra de la reforma de las reglas del Tajo-Segura, y que con ellos el trasvase no corre peligro; pero a la hora de la verdad, parece que les tiembla el pulso. Aunque no sólo a ellos; en general, nuestros políticos suelen padecer la rara enfermedad de defender posturas contrapuestas e incluso contradictorias, según la Región en la que se encuentren.

No obstante, en el caso socialista, pesa mucho Teresa Ribera y también García-Paje que sigue sonriendo siniestramente a la sombra de la ministra. Para Ribera, no basta con el cambio reglas, y reitera, en cuanto tiene ocasión, el manido argumento de potenciar “inversiones adicionales” en el Sureste del país, “tanto por reutilización como por desalación”. A buen entendedor…

Y las hemerotecas son tozudas, y twitter todavía lo es más; cuando se recurre a ellos, se siembra más confusión. Así Pedro Sánchez en 2018, sostenía en un tuit que «nuestro objetivo es el fin de los trasvases y apostar por las desaladoras». Palabras textuales, nada tranquilizadoras. Quien pensaba de esta guisa hace tres años, puede mantener todavía tal idea, oculta entre mil ropajes y farragosos discursos, aunque en el duro ejercicio de la Presidencia seguramente haya cambiado de parecer. Mas, por si acaso, el Gobierno valenciano, arropado por los socialistas murcianos, acabará por disipar sus indecisiones y se unirá a los de Murcia y Andalucía en defensa de sus justas reivindicaciones hídricas.

Según Miras, el trasvase se halla ahora más en peligro que nunca en 42 años. Y creo sinceramente que no faltan motivos para sospechar un negro porvenir a nuestro acueducto, si siguen las aguas tan agitadas, tan fuera de su curso. Para empezar, el recorte del Trasvase que viene no será pequeño, ni saldrá barato, se encarecerá la tarifa del agua entre un 30% y un 48%.

Recordemos sucintamente lo que está en juego: gracias al trasvase, la Región es líder en exportaciones, produce una de cada cuatro frutas y hortalizas de España. Esta infraestructura genera de forma directa 100.000 puestos de trabajo e inducidos muchos más (unos 300.000), y aporta más de 3.000 millones de euros a la economía española. ¿Podemos arriesgarnos a cerrar el grifo? No juguemos con el agua, que es jugar con fuego.

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PINCHAMOS MÁS QUE NADIE

PINCHAMOS MÁS QUE NADIE

Vamos de vacuna en vacuna, buscando la luz de la anhelada inmunidad de rebaño. Mas a este paso, se van a quedar muchos corderos por el camino…Y ya veremos qué ocurre a partir de ahora ante la desorbitada incertidumbre que generan la vacuna de Oxford AstraZeneca, y la estadounidense Jensen de Johnson and Johnson. Pero al margen de contraindicaciones ajenas, están las propias que debieran preocuparnos más.

Cómo se explican, si no, los colosales errores que se han venido sucediendo en el sistema regional de citas. Así, por ejemplo, el martes apenas 300 murcianos se personaron en el Palacio de los Deportes de la capital, cuando teóricamente se había convocado a más de 2.000. Por contra, este jueves, bajo una lluvia pertinaz, en la  explanada que circunda el estadio Enrique Roca, decenas de personas de entre 75 y 79 años aguardaban, con paciencia franciscana,  su turno para recibir, como agua de mayo (o de abril), la primera dosis de la vacuna de Pfizer, una de las más deseadas.

En verdad, el sistema que aplica la Consejería está generando dudas y confusión desde los inicios de la campaña. De este modo, en Semana Santa, los mensajes se remitieron en numerosos casos con menos de 24 horas de antelación. Algunos de los murcianos que los recibieron llegaron a creer que no eran auténticos; otros pensaron que eran una broma.

Y no estamos para bromas;  en otras ocasiones, el bienaventurado ‘SMS’ no llegaría nunca a buen puerto, porque la propia Consejería ha reconocido que disponía de “datos desactualizados”. Para más inri, aunque se insiste en que no se vacuna sin cita previa, el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras (y me aseguran que no fue el único) se vio en la obligación de hacer la semana pasada un llamamiento urgente por las asociales redes para que acudieran ciudadanos de 60 a 65 años ante la escasa afluencia.

Al cabo de muchos fallos e incongruencias, se ha decidido echar marcha atrás y recurrir al método más avanzado que el universo mundo conoce desde el siglo XIX: el teléfono. La Consejería de Salud intensificará  desde esta semana el dispositivo de llamadas para citar a los sufridos usuarios, que somos todos.

 La meta no puede ser más loable: despejar las dudas, desterrar los bulos e incrementar el ritmo de vacunación. El consejero de Salud sostiene que es más seguro y da más garantías convocar a los usuarios a través de una simple llamada telefónica porque se puede captar “el feedback”, la aceptación o no de la cita.  

 

Hipólito Martínez, director y presentador del programa

 O dicho al itálico modo, se trata de evitar hipotéticas incompetencias que puedan provocar daños irreparables. No se olvide que cada día que se retrase la vacunación supone un riesgo más que tienen que  sumir los ciudadanos que están a la espera de la ansiada inyección. Para 1.600 murcianos, en cualquier caso, lamentablemente ya será demasiado tarde.  

Como pueden comprobar, todo está organizado y bien organizado. Empero al margen de errores puntuales (quiero pensar que son errores puntuales que no han de repetirse), sí que es descorazonador el  comprobar que todavía viajamos en el furgón de cola en cuanto a vacunación se refiere. La Región sigue siendo la autonomía con menor número de dosis administradas en relación a las recibidas; y,  asimismo, con menos población de entre 70 y 79 años protegida con al menos una inoculación. A nuestra Comunidad, han llegado 403.365 dosis en total, de las que se han administrado 318.242 (el 78,9%).  En el conjunto del país, el porcentaje roza el 90%. A su vez, el 24,7% de los murcianos de entre 70 y 79 años han recibido el primer pinchazo, frente al 37,9% de media en esta España nuestra. Aún así habrá quien piense que pinchamos más que nadie… Y seguramente no les falte razón.

 
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SÁNCHEZ DIXIT

SÁNCHEZ DIXIT

 Y habló Sánchez, y se estremeció España… Y llegó a los rincones todos su sonoro y escasamente eufónico Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía. Pero para resistencia y resiliencia la de las familias españolas y murcianas, que sin plan alguno todavía resisten los embates de una crisis demoledora, que no deja de empobrecerlas.

 Mas bien está que haya un plan para que podamos untarnos algún día con el balsámico ungüento europeo de Fierabrás. Aunque llegue con un mes retraso, plan habemus, «el más trascendental de la historia reciente de España» y «la mayor oportunidad para nuestro país desde la entrada en la UE»; al menos para Sánchez así lo es, o así debería ser.

 Un ufano Sánchez destacaba un crecimiento del PIB en torno a unos dos puntos porcentuales al año, a partir de 2021, y prometía la creación de 800 mil empleos. Una promesa que muchos veteranos recordamos en boca de Felipe González, y aun produce escalofríos… No sólo no se crearon 800 mil puestos de trabajo, sino que se destruyeron otros tantos, casi un millón de empleos se perdieron en la nebulosa de las palabras.

 Esta vez, para lograrlo, se dispondrá de una lluvia de millones. Las diez mayores inversiones recogidas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia sumarán casi 50.000 millones en el periodo 2021-2023. Y en este próximo sexenio, España afrontará ni más ni menos que 102 reformas y 110 inversiones con las nada desdeñables metas de modernizar el tejido productivo, impulsar la capacidad de crear empleos de calidad, aumentar la productividad, reducir las brechas sociales y apostar por la economía verde, que te quiero verde…

Y como primer objetivo, a corto plazo, la recuperación económica después de una emergencia nacional, que ya será menos a partir del nueve de mayo, tras la decisión unilateral de Sánchez de no prolongar el estado alarma. Él sabrá por qué. Como también debe de saber los porqués de este resiliente plan que este miércoles ha presentado en el Congreso, ante el estupor de los extraños y el aplauso de los propios.

Sánchez sostiene que con este plan de planes se abre un «horizonte de esperanza para España». Pese a las descomunales expectativas suscitadas, ese horizonte al que se refiere Sánchez no está tan al alcance de la mano como pudiera parecer. Aunque, si una vez más cayéramos en el vicio del esperpento nacional, y desaprovecháramos 140 mil millones de euros, entraríamos por derecho propio en el capítulo más ignominioso de la enciclopedia universal del caos.

Ojalá no nos tengamos que arrepentir de lo pudo haber sido y no fue. El galdosiano ‘ojalaterismo’ nacional sigue siendo el hábito que hace al monje español (y a la monja española). Así nos vestimos y desvestimos desde hace siglos… Siglos de ojalás, que se han llevado los vientos de un confín a otro de nuestra gloriosa Historia…