UN TECHO CON GOTERAS

A MICRÓFONO CERRADO, opinión

18 de noviembre, 2022

En esta soleada Región, tan pésimamente financiada hemos rebasado una frontera que parecía inabordable, se ha logrado la quintaesencia de la economía, de donde no hay hemos sacado… Así, de improviso, entre los más acerbos embates de crisis sucesivas, surgen unos presupuestos que quieren hacer historia. Porque se acaba de aprobar un techo de gasto de casi 6.000 millones de euros para teóricamente apuntalar la reactivación económica de la Comunidad.

Fue el consejero de Hacienda quien compareció el pasado viernes ante la Cámara, presto y dispuesto para hacer Historia. Con elocuencia y firmeza informó sobre el límite máximo de gasto no financiero para los Presupuestos de 2023, que llega a la cifra récord de 5.943 millones de euros. Una suma impensable años atrás. Marín calificó de histórico el techo que nos va a cobijar el próximo año. Una techumbre que viene avalada por la Airef , y que abre la puerta al que ha ser el presupuesto más elevado de la Comunidad. Cada vez volamos más alto. Espero –y deseo- que, desde las celestiales alturas, no perdamos la perspectiva de lo que sucede en nuestro terruño.

En efecto, estos casi 6.000 millones de euros conllevan un crecimiento del 9,8 por ciento con respecto al techo del pasado ejercicio y facilitarán 532,7 millones de euros más para reforzar los servicios públicos y la recuperación económica de la Región. Hasta aquí las noticias son netamente positivas. Y puedo celebrar (y celebro) con el Consejero la buena nueva de disponer de unos recursos extraordinarios con los que se tendrían que afrontar los desafíos del presente. Y el mayor reto, no puede haber otra prioridad, es extirpar la lacra de la pobreza.

Como bien sabe el Consejero, uno de cada tres murcianos se haya en riesgo de exclusión social, y unas 150 mil personas subsisten en la innombrable e innombrada ‘Ciudad de la Pobreza Severa’, con menos de 350 euros al mes. Estas son las conclusiones del último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), que se presentó en nuestro parlamento regional a mediados de octubre. Y que nuestro techo de gasto suba por las nubes, desgraciadamente no implica per se que los sin techo lo tengan algún día, digan lo que digan las estimaciones macroeconómicas, que, por cierto, en las menudencias de las necesidades mundanas no suelen detenerse; están más preocupadas por los decimales que por las personas.

Aunque hay algunos gestos que inducen a la esperanza. Así, por ejemplo, la Consejería de Mujer, Igualdad, LGTBI, Familias, Política Social y Transparencia acaba de presentar el proyecto de Innovación ‘Derechos a la vivienda’ que busca dar una respuesta al sinhogarismo en Murcia. Este plan se marca como meta el sacar de la calle a cuarenta personas que llevan años malviviendo a la intemperie. Son sólo cuarenta, y nos felicitamos por ellos; sin embargo, apenas suponen cuarenta gotas en el océano que nos circunda.

Porque el malvado mal que nadie menciona en las predicciones macro, la palabra ‘pobreza’ no rima en absoluto con economía, afecta con mayor o menor virulencia a un tercio de la población, y se ensaña con unos 150 mil conciudadanos nuestros. Una pandemia que no es de ahora, aunque se haya acentuado con el coronavirus, para la que no hay vacuna, porque no se quiere.  Ni antes (en épocas de lujuriosas vacas) ni ahora en medio de la tempestad de una guerra cruel, la exclusión ha dejado sin dormir a quienes deciden nuestros designios. No obstante, con desusada frecuencia, se siguen entonando solemnes himnos al tórrido sol murciano.

Previsiones, crecimiento y realidad

Llegado es el año de que al fin nos enfrentemos con la realidad de esta luminosa Región, que no vive de números ni prospecciones. Porque el papel de las predicciones (incluso el de los presupuestos) lo aguantan todo, hasta lo inaguantable.

Las estimaciones confeccionadas por los técnicos de la Consejería de Hacienda apuntan a que el Producto Interior Bruto de la Región superará en 2023 el nivel de antes de la pandemia, cuando la Región era la segunda comunidad con mayor tasa de crecimiento. Pero entonces, la pobreza habitaba entre nosotros con desasosegante impunidad como ahora, y su tasa importaba mucho menos que la del crecimiento. Había que crecer y se crecía.

Empero, ¿realmente crecemos lo que decimos que crecemos? Las actuales previsiones, que cuentan con el aval de la escrupulosa Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), señalan que el PIB regional crecerá a un ritmo del 0,9 por ciento hasta rozar los 36.535 millones el próximo año, superando de esta guisa los 32.287 millones de 2019. Asimismo, reflejan un incremento del número de cotizantes a la Seguridad Social hasta alcanzar los 628.790, una cifra que supone otro récord.  Vamos de récord en récord… A su vez, la tasa de paro proseguirá en su descenso progresivo y rondará el 13 por ciento. Desde 2018, la tasa de paro se ha reducido en casi 4 puntos, mientras que en el postrer decenio ese descenso llega a los 16 puntos en la Región.

Entonces, queridos técnicos macroeconómicos, si esto es así (que no lo dudo), justifíquenme con la poesía de los números, cómo es posible que un tercio de la murciana ciudadanía se encuentre en riesgo de exclusión. Y nuestros insignes cerebros privilegiados, ¿dónde sitúan la Ciudad de la Pobreza Severa, en la que habitan 150 mil murcianos?

Existen, pese a sus muchos pesares, se refugian en la soledad del olvido; aunque para la macroeconomía no constituyan sino una insignificante variable que apenas hay que tener en cuenta. Poco menos que un fallo del sistema. El triste axioma de nuestra tierra: crecemos como nunca y seguimos como siempre. Si quieren podemos tomarlo con calma, o con una aspirina.