Murcia 4 de noviembre

Algunos jóvenes, y no tan jóvenes, se han manifestado en contra del toque de queda, que les deja sin noches de diversión. Algunos jóvenes, y no tan jóvenes, se suman así al grito de libertad, mientras destrozan mobiliario urbano, tiran piedras, cohetes o lo que tengan en la mochila (que de todo hay), mientras saborean el esplendor de la batalla en las burbujas de su cubata. Demandan libertad, la libertad de hacer lo que les venga en gana, pase lo que pase, enferme quien enferme, muera quien muera. El coronavirus no va con ellos.

Los altercados (con menos concurrencia que en otras ciudades europeas) se han extendido por toda España como un reguero de pólvora : Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián,Vitoria, Santander, Logroño, Málaga, Granada, Ibiza, Palma, Santander, Alicante, Guadalajara, Cartagena y Murcia, entre otras…

“Libertad, libertad…”, gritan mientras se divierten, y se apoderan de la noche. ’Danzad, danzad, malditos…’, ¿en qué libérrimo macrobotellón nos habéis metido…? Mas, en esta fiesta malvada de lo absurdo, sólo disfrutáis vosotros.

Promueven estos muchachos -y no tan muchachos- la protesta juerga más jocosa; provistos de botellas de gasolina, cascotes y otros artilugios tan libertarios sacuden todo su malhumor. A destruir e incendiar, le llaman tales adalides de la libertad ejercer su derecho de manifestación.

Y aun hay quién les comprende. Y hay quién les busca nombres y adjetivos: hablan de negacionistas, anarcoliberalistas, derecha extremada, izquierdistas extremos… No merece la pena el esfuerzo. Son hijos de sus padres; como nosotros. Existen y viven a nuestro lado; ¿por qué reaccionan así? Ni ellos mismos lo quieren saber: proclamar su real gana es su único denominador común.

Empero esta expresión desaforada, no es una exclusiva española. Ante el furor de esta segunda ola, ningún país occidental se ha de librar de su juvenil dosis liberticida (y no tan juvenil). Como tarde la vacuna, Europa entera sufrirá los desmanes de una libertad con ira…

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