INDULTOS E INSULTOS

opinión, Por Decir Algo

02 junio, 2022 

Indultar a una madre maltratadora de su hijo tiene tela, no sé si marinera o de tierra adentro pero tela. Poco parece ya importarle al gobierno de la nación, que así lo ha dispuesto en una decisión bastante incomprensible y difícil de asimilar… a no ser que esté guiada –y es especialidad de la marca Sánchez– por el instinto de dar pequeñas satisfacciones a su socio de coalición y seguir haciendo funambulismo político en su empeño de agotar la legislatura… y de paso a los españoles de buena voluntad, que haberlos haylos.

Este tipo de indultos, a los que se puede añadir –aunque sean de otro cariz– los famosos concedidos a los sediciosos líderes independentistas catalanes, ¿cómo no van a provocar desafección ciudadana y pérdida de confianza en el liderazgo moral del presidente del gobierno? En el fondo, y jugando con la palabreja, más que indultos son insultos al sentido común y al sistema. No son indultos técnicos sino profundamente ideológicos o meramente tácticos (o las dos cosas a la vez), y eso es lo que les hace perversos, nocivos, dañinos para la salud del sistema democrático de convivencia de que nos hemos dotado.

Se quejaba el líder de la oposición, el popular Núñez Feijóo, del estilo faltón e insultante de Pedro Sánchez en foro parlamentario, por lo que cualquier petición de ayuda de los socialistas para sacar adelante las leyes, ahora que Esquerra y Unidas Podemos están más esquivos, parece broma de mal gusto. El político gallego, que nunca se ha caracterizado por las salidas de tono, ha llegado a decir que “para eso conmigo que no cuenten”. Hay insultos de palabra, que cada vez abundan más en el Congreso de los Diputados y en el Senado, e insultos de hecho como los antes referidos de medidas políticas de difícil comprensión. Si los primeros son más sonoros y efectistas porque buscan titulares en las noticias y en los informativos, los últimos son menos efímeros y tienen mayor carga de profundidad.

Se podrán hacer los indultos en nombre del feminismo como el de María Sevilla, que así se llama la madre recién indultada, o en nombre de una supuesta utilidad pública en el caso de Cataluña para tender puentes con el independentismo y normalizar la relación política. En todo caso, permítasenos, en nombre de un principio no menos importante como el de la libertad de expresión, expresar –valga la redundancia– nuestra humilde opinión de que el feminismo y la utilidad pública se merecen algo más que esas decisiones arbitrarias y que dejan en tan mal lugar a la justicia aunque se atengan a derecho.