En esta sesión queremos detener nuestra mirada en uno de los sectores esenciales, que no ha desfallecido incluso en los peores momentos de la pandemia. El sector del transporte lo mueve todo, desde frutas y  hortalizas hasta piezas para barcos y aviones, pasando por todo lo imaginable y por imaginar. Gracias a ellos, pudimos resistir días tan terriblemente duros
como los del confinamiento.
 

Está con nosotros el secretario general de Froet, Federación Regional de Organizaciones Empresariales de Transporte Manuel Pérezcarro, que viene a exponernos las reivindicaciones de un sector, que según Froet parece que ha dejado ser estratégico y esencial para el Gobierno. Uno de los últimos ejemplos de esta incongruencia, fue la decisión de Pedro
Sánchez de apartar al transporte de mercancías de las ayudas a la solvencia de las empresas. Y ya veremos qué ocurre con el reparto de los 140 mil millones de
la Next Generation europea.
Y, sin embargo, no podríamos vivir sin este sector a pleno rendimiento. Los hospitales no funcionarían, no habría medicamentos en las farmacias, ni alimentos en los

supermercados, ni ropa en las tiendas… Es harto difícil de entender que a nuestros transportistas no se les ayude como sí se está haciendo (al menos así
se asegura) con otros sectores.  De estos y otros asuntos, charlamos ampliamente con Manuel Pérezcarro, secretario
general de Froet
.
 

Hoy en Frecuencia Murcia Económica nos acompañan:

Fernando Abadperiodista que ha dirigido diversos medios en la Región

Diego Yepes, nuestro psicólogo de cabecera, experto en coaching


Enrique Ros, ex decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales

Antonio Imízcoz, periodista, experto en comunicación política

“SÁNCHEZ DIXIT”

 Y habló Sánchez, y se estremeció España… Y llegó a los rincones todos su sonoro y escasamente eufónico Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía. Pero para resistencia y resiliencia la de las familias españolas y murcianas, que sin plan alguno todavía resisten los embates de una crisis demoledora, que no deja de empobrecerlas.

 Mas bien está que haya un plan para que podamos untarnos algún día con el balsámico ungüento europeo de Fierabrás. Aunque llegue con un mes retraso, plan habemus, “el más trascendental de la historia reciente de España” y “la mayor oportunidad para nuestro país desde la entrada en la UE”; al menos para Sánchez así lo es, o así debería ser.

 Un ufano Sánchez destacaba un crecimiento del PIB en torno a unos dos puntos porcentuales al año, a partir de 2021, y prometía la creación de 800 mil empleos. Una promesa que muchos veteranos recordamos en boca de Felipe González, y aun produce escalofríos… No sólo no se crearon 800 mil puestos de trabajo, sino que se destruyeron otros tantos, casi un millón de empleos se perdieron en la nebulosa de las palabras.

 Esta vez, para lograrlo, se dispondrá de una lluvia de millones. Las diez mayores inversiones recogidas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia sumarán casi 50.000 millones en el periodo 2021-2023. Y en este próximo sexenio, España afrontará ni más ni menos que 102 reformas y 110 inversiones con las nada desdeñables metas de modernizar el tejido productivo, impulsar la capacidad de crear empleos de calidad, aumentar la productividad, reducir las brechas sociales y apostar por la economía verde, que te quiero verde…

Y como primer objetivo, a corto plazo, la recuperación económica después de una emergencia nacional, que ya será menos a partir del nueve de mayo, tras la decisión unilateral de Sánchez de no prolongar el estado alarma. Él sabrá por qué. Como también debe de saber los porqués de este resiliente plan que este miércoles ha presentado en el Congreso, ante el estupor de los extraños y el aplauso de los propios.

Sánchez sostiene que con este plan de planes se abre un “horizonte de esperanza para España”. Pese a las descomunales expectativas suscitadas, ese horizonte al que se refiere Sánchez no está tan al alcance de la mano como pudiera parecer. Aunque, si una vez más cayéramos en el vicio del esperpento nacional, y desaprovecháramos 140 mil millones de euros, entraríamos por derecho propio en el capítulo más ignominioso de la enciclopedia universal del caos.

Ojalá no nos tengamos que arrepentir de lo pudo haber sido y no fue. El galdosiano ‘ojalaterismo’ nacional sigue siendo el hábito que hace al monje español (y a la monja española). Así nos vestimos y desvestimos desde hace siglos… Siglos de ojalás, que se han llevado los vientos de un confín a otro de nuestra gloriosa Historia…