HISTORIA Y PRESENTE

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25 abril, 2023

Dos veces víctima. Eso es lo que sido José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española. Víctima de un bando de la guerra civil pues los republicanos lo fusilaron a los pocos meses de iniciarse esta en la prisión de Alicante, y víctima de la política justiciera del actual gobierno de España que lo colocó en el bando de los “malos” (o sea de los fascistas, en su terminología, para entendernos) y promovió el traslado de sus restos mortales desde el valle de Cuelgamuros al cementerio de San Isidro. Aunque yo añadiría que fue también víctima, y de esto no se ha hablado tanto, de su secuestro por Franco, que utilizó a la Falange, disolviendo su prístino espíritu revolucionario y socializante, como organización política vertebradora de su régimen. 

Como se ve por todo lo que acabo de decir de forma necesariamente sumaria, la historia es rica en matices y escapa al trazo grueso con el que la política y los políticos suelen utilizarla e incluso me atrevería a decir que manosearla. El presente se pelea habitualmente con la historia porque quienes juegan aquí y ahora la ven de manera utilitarista a modo de un instrumento más en sus manos para vencer en las pequeñas escaramuzas de la vida política en el corto plazo. Y la historia precisamente suele pelearse con el corto plazo, como resulta obvio para cualquiera que a ella se dedica.

Legitimidad democrática para hacer lo que ha hecho, el gobierno la tiene sin ningún género de duda, apoyado como está en un programa político propio y con unos apoyos parlamentarios que, gusten más o gusten menos, le sustentan. Cabría en todo caso discutirle la legitimidad moral. ¿No es acaso José Antonio una víctima de la guerra civil? Cierto que del “otro” bando y no del que gusta a la mayoría del gobierno y sus aliados, pero víctima al fin y al cabo, en la línea de tantos otros atroces asesinatos sin justicia que se prodigaron en ambos bandos durante la contienda. A pocos se escapa que, junto al deseo de desagravio que mueve supuestamente al ejecutivo, hay escondido cierto aire de revancha: algo muy propio de la política, donde va cambiando el poder de mano en mano, pero impropio para cultivar la historia de forma desapasionada y objetiva.

La historia es la que es. La de nuestro país fue turbulenta en el primer tercio de siglo XX y acabó en una guerra civil que nos aterroriza hoy en día pero que existió y en la que hubo, como es lógico, vencedores y vencidos, y a la que siguió una férrea y duradera dictadura. No por borrar sus huellas se puede hacer tabla rasa de lo que ocurrió y de lo que significó. Aprovechando el suceso objeto de comentario, pienso que no estaría de más adentrarse en las luces y sombras, pues en la historia de la humanidad suelen haber de ambas, de la figura de José Antonio Primo de Rivera para que no se quede en un mero y facilón cliché propagandístico como las efímeras políticas del presente pretenden.