‘FIESTAS Y LIBERTICIDAS’

Una vez superado con creces el acueducto de la Constitución y de la Purísima, nos deslizamos ya sin frenos por el tobogán de unas fiestas navideñas que se intuyen y se sienten por doquier. Fiestas que, no obstante, vienen ensombrecidas por un inquietante repunte de la pandemia tanto a nivel regional como nacional e internacional.

Hoy, más que nunca, hay que hacer un llamamiento a la prudencia; celebremos sí, pero con todas las precauciones habidas y por haber, que se resumen en esta fórmula que hemos repetido hasta la saciedad a lo largo del último año, las famosas tres ‘emes’: mascarillas, manos y metros (uso de la mascarilla, lavado y desinfección de manos, y el metro y medio de seguridad).

A todo ello, debe sumarse inexcusablemente la vacuna, en sus tres dosis, que constituye la clave definitiva para acabar ganando este combate, que tantas víctimas se está cobrando. Aunque parezca un mayúsculo contrasentido, todavía hay quien se resiste a ponérsela. Son una minoría, pero podrían hacer mucho daño. Y ya lo están haciendo.

O si no, repasen los últimos datos. De esta suerte, en nuestra Región sin ir más lejos, los ingresos en la UCI por covid se disparan; y el goteo de muertos no se detiene. Todos ellos tienen en común su aversión a la vacuna, más de la mitad de los pacientes graves hospitalizados no están vacunados, y la inmensa mayoría de los fallecidos tampoco.

Aun así, existe un grupo de personas insensibles a la evidencia, temerarios e insolidarios, que reclaman el derecho a una libertad que sólo conduce a reactivar el virus entre nosotros. ¿De qué libertad hablan? Que se lo expliquen -si pueden- a los más de cien mil muertos en España, o a los casi 1.800 fallecidos en la Región.

También podrían intentar consolar a los familiares de Johann Biacsics, uno de los líderes del movimiento antivacunas en Austria, que falleció al contraer hace unas semanas el temido virus. Biacsics, tras el contagio, se negó incluso a recibir tratamiento y decidió utilizar lavativas de lejía. Otros no llegan tan lejos; algunos rectifican, a tiempo, como Lorenzo Damiano, irredento cabecilla de los ‘No Vax’ en Italia, arrepentido tras ser ingresado con covid-19. «Hay que hacer caso a la ciencia», proclama ahora.

Sin embargo, pululan por el mundo (también por nuestra soleada tierra) adalides de sus derechos inalienables, que siguen impertérritos manifestándose contra la insoportable, para ellos, levedad de las vacunas. En la inexpugnable defensa de su libertad, se han convertido en todo lo contrario de lo que alardean, ponen en peligro su vida y la de los demás; porque no hay derecho más sagrado que el de la vida.

 “¿Cómo logró su libertad la bicicleta abandonada?”, se preguntaba Neruda; ellos, los ‘contravacunas’, ganan la suya a base de soflamas. Alegres e inconscientes, marcialmente desfilan por el precipicio, mientras comulgan con ruedas de molino, embadurnadas de lejía.

Hoy en Frecuencia Murcia Económica nos acompañan:


Carlos Ladrón de Guevara, analista político

Enrique Ros, ex decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales


Javier Pérez Pérez, experto en agua y urbanismo


Ismael Novo, ingeniero informático y comentarista político