Seguimos invocando al cielo de las vacunas, esperando que lluevan sobre nosotros cual maná bíblico. Pero continuamos perdidos de vacuna en vacuna, sin encontrar la ansiada inmunidad de rebaño. ¿La tendremos en agosto?, ¿quién lo sabe…? Como les decía la semana pasada, a este paso serán muchos los corderos que se queden en el camino.

No ayuda en nada la polémica generada por las vacunas de Oxford y de Johnson and Johnson, sus renombradas AstraZeneca y Jensen. Aunque menos ayuda todavía los inexplicables fallos en el sistema de citas, que nos ha abocado a una situación extraña en esta Región: por un lado, hay personas que hacen cola con paciencia franciscana; por otro, uno de cada tres convocados no acude a la cita. 

Luego está el miedo, que es tan humano; el propio Consejero Pedreño ha reconocido que un buen número de los que tienen que vacunarse con AstraZeneca no lo hacen. Como ocurrió el sábado pasado en Cartagena, cuando sólo el 43 por ciento de los citados se presentaron.

Temores al margen, al cabo de muchos fallos e incongruencias, se ha decidido echar marcha atrás y recurrir al método más avanzado que el universo mundo conoce desde el siglo XIX: el teléfono. La Consejería de Salud ha intensificado, desde esta semana, el dispositivo de llamadas para citar a los sufridos usuarios, que somos todos.

A lo largo de los próximos siete días, se harán más de 100 mil llamadas, y se inocularán más de 70 mil dosis. La meta no puede ser más loable: despejar las dudas e incrementar el ritmo de vacunación. El consejero de Salud sostiene que es más seguro y da más garantías convocar a los usuarios a través de una simple llamada telefónica. O dicho al itálico modo, se trata de evitar nuevos y clamorosos errores.

Rectificar sigue siendo de sabios. Empero, habría que dudar menos y encontrar más soluciones, y mucha mayor eficacia. Da la sensación de que nos extraviamos entre improvisaciones y ocurrencias. La del teléfono, como mínimo, nos remite a otros tiempos…Y también al precioso tiempo perdido hasta ahora.