A MICRÓFONO CERRADO

EN BUSCA DE LA CONFIANZA PERDIDA

 El árbol de la persistente bronca parlamentaria no nos deja ver el bosque; llevamos instalados en el furor del improperio largos e indeseables días. El debate de la moción de censura nos demuestra el nivel del fango, en el que nos movemos; si miramos a través de él, descubriremos el desolador bosque en el que seguimos perdidos. El prestigio de la Comunidad ha vuelto a quedar en evidencia; España atónita ha presenciado una lamentable imagen, que Murcia no se merece. El incesante cruce de acusaciones de corrupción, cual envenenadas flechas, se clava en el corazón de la Región.

 Sinceramente, ha resultado frustrante asistir a estas dos sesiones, que de parlamentarias no les queda ni el nombre. Insultos de todo cariz, descalificaciones de toda índole, que se han impuesto a argumentos y razones. ’Maleantes, tránsfugas, traidores, sinvergüenzas, chorizos…’ son algunas de las lindezas que se han propinado unos a otros con desusada prolijidad en la esgrima parlamentaria, a lo largo de estas dos jornadas de censura tan censurables.

Hipólito Martínez,

director y presentador del programa

Quien haya podido soportar las extenuantes horas de injurias no habrá sacado nada en claro, salvo que algunas señorías dejan mucho que desear, y prefieren enfrascarse en la más burda confrontación a espaldas de la realidad. Y la crítica realidad que vivimos (más 1.500 muertos, más de 123 mil parados, miles de murcianos en riesgo de pobreza) no entiende de guerras dialécticas. Si el drama de la pandemia no ha logrado unirnos ni en la desgracia, ¿qué podrá hacerlo en el futuro? Parafraseando al todavía alcalde José Ballesta da la sensación de que nadie esté pensando en Murcia ni en su reputación.

 La paciencia de los murcianos tiene un límite, aunque parezca inagotable. La desafección política es la menor de las consecuencias que se derivará del desencanto de una ciudadanía que ha asistido perpleja a tan desmoralizador espectáculo. El coronavirus sigue entre nosotros, no necesitamos otros virus. Y menos que ninguno, el de la más agresiva violencia parlamentaria.

 Al cabo de dos jornadas, donde el vituperio ha sido la constante, la moción (como se esperaba) no ha prosperado. Mas Murcia debe prosperar, debe salir adelante con estos mimbres o con otros. En el calor de la contienda, Conesa auguró repetidas veces el adelanto de elecciones, les puso hasta fecha: octubre. Desde la orilla popular, se negó contundentemente esta convocatoria, aunque Vox la desea y la reclama. Hasta Ana Martínez Vidal es partidaria.

 Llegados a este punto, a pesar de tantos pesares, tal vez el camino hacia las urnas podría ser una opción, porque la confianza depositada en nuestros actuales representantes se está resintiendo cada día más. Aunque, en plena contienda contra la covid y sus devastadoras consecuencias, no es en absoluto el momento más propicio. Sin embargo, como siga enconándose el medio ambiente político regional, todo podría suceder; incluso lo más inconveniente.

Hoy en nuestra EDICIÓN ESPECIAL ‘MOCIÓN DE CENSURA’ nos acompañan:

Antonio Imízcoz, periodista, experto en comunicación política

Carlos Abadpolitólogo

Alfonso Hernández Quereda, vicepresidente del Colegio de Graduados Sociales

Enrique Ros comentarista político-económico